.

JUAN YÁÑEZ, vuestro humilde servidor, les da la bienvenida...

jueves, 21 de julio de 2016

EL GORDO Y EL FLACO PUBLICADO EL 21/07/16 POR ANA FORERO EN EDITORIALES ETIQUETAS:ESCASEZ, HERMAN ESCARRÁ, INFLACIÓN, REFERENDUM REVOCATORIO


                                                       El titular lo publica La Verdad, en Maracaibo: “Ausentismo escolar por hambre. “Tuve que lavar ropa ajena para poder darle dinero a mi hija para la merienda del colegio. Nunca había hecho esto”. Contó la representante de una niña, Evelinda Diaz, una mujer trabajadora. Completó que envía a sus hijos al colegio sin comer porque sus ingresos no le alcanzan para comprar comida. “Este año fue caótico”, se quejó la mujer. La escasez de alimentos ha hecho que la ausencia de niños en los salones de clase sea recurrente. Los padres no quieren enviarlos sin comer y otros los llevan al colegio sin haber probado bocado”. Repito el titular: “Ausentismo escolar por hambre”.

  Ahora le invito a que haga un ejercicio de imaginación. Ilustre ese titular con la fotografía de un personaje obeso, no solo en grasas mórbidas sino en pensamientos morbosos y siniestros. El personaje responde al nombre de Herman Escarrá y se presenta como abogado constitucionalista. Declara en Aporrea: “Yo lo que sí les puedo decir es que los abogados bolivarianos están preparados en todos los estados y las principales ciudades para presentar en cada estado y cada ciudad, no menos de 1.000 amparos, lo que serían más de 10 mil amparos, además de los recursos directos ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), entonces tendremos revocatorio dentro de 20 años, si acaso, olvídense de eso. En el supuesto negadísimo que pudiera suceder (el referendo), no se de qué manera, tienen que responderle a más de 10 mil amparos constitucionales, recursos de inconstitucionalidad, recursos en sedes administrativas y denuncias de naturaleza penal, entonces sí nos vamos a dar duro, muy duro. Esos recursos están elaborados, por si acaso”.

  Este señor, que era tan pomposo y rebuscado en su lenguaje, se ha dejado contagiar por el espíritu malandro y pendenciero del poder. Las malas mañas son las que se pegan.

  Este tipo de contrastes nos da muestra de lo duro que se nos hace la vida en la Venezuela de hoy. El contraste es entre ese el titular -“Ausentismo escolar por hambre”- y la arbitrariedad impúdica y desvergonzada de este individuo que, seguramente bien pagado, procede a boicotear lo que para todos, chavistas incluidos, es la salida lógica, pacífica y constitucional a la crisis política que padecemos.

  Otro ejemplo. Correo del Orinoco, la Artillería del Pensamiento, gran titular en la primera página de hoy: “Políticas públicas de Venezuela se ajustan a la Agenda ONU 2030. El vicepresidente para la Planificación y el Conocimiento, Ricardo Menéndez, defendió los logros de la revolución bolivariana”. ¿Pero cuáles son esos logros? Leo en El Estímulo.com: “El vicepresidente denunció (¡una vez más!) una guerra económica contra Venezuela. Y rechazó las ofertas de ayuda humanitaria que ha hecho Naciones Unidas. “Si se quiere ayudar a Venezuela la solución es respetarnos. Es dejar que los venezolanos resolvamos los temas que tenemos que resolver los venezolanos y que no haya interpretaciones maliciosas desde el punto de vista de la economía de nuestro país.”

“Interpretaciones maliciosas”, ¡por favor!

  Si hacemos caso omiso de las fotografías de estos dos personajes –Escarrá y Menéndez-, comprobaremos que ambos tienen el mismo tono desafiante, escurridizo y mendaz en el discurso. Palabra más palabra menos, lo que dice el flaco es igual a lo que antes dijo el gordo.

  Leo en El Estímulo.com: “Menendez cree que los indicadores que algunos tratan de sacar sobre el país en el exterior son indicadores descontextualizados que no tienen validez desde el punto de vista de los datos”.

  Acentuando las contradicciones e incoherencias gubernamentales, la respuesta a Menéndez bien la podríamos tener en estas declaraciones de Juan Arias, Ministro para Las Industrias Básicas, Estratégicas y Socialistas: “No hemos sido eficientes en detener la inflación. El gobierno nacional ha cometido errores de política económica”. Esto lo dijo Arias en una entrevista en Globovisión. “Es necesario hacer una revisión a la medida del control de precios”. Y, hablando de inflación, el Fondo Monetario Internacional estima que la de este año va a ser superior a 700%.


  Finalizo leyendo este texto de Pedro Benitez en Konzapata.com: “El cierre fronterizo decretado por el Gobierno hace 11 meses sólo ha servido para demostrar, más allá de cualquier duda razonable, que el problema económico lo tenía Venezuela y no Colombia. Hace casi un año en Venezuela las colas y el desabastecimiento eran generalizados, pero no había hambre. Hoy hay hambre en Venezuela y somos el único país del planeta al borde de una crisis humanitaria sin haber pasado por una guerra. Estamos por entrar al macrabro club de la Cuba del período especial, de la China de Mao y de la Rusia Soviética de los años treinta del siglo pasado.”

sábado, 23 de abril de 2016

Presente y futuro del libro y de la lectura

            
Alexis Márquez Rodríguez (1931-2015)
Ex Director de Monte Ávila Editores, Venezuela

                                              El libro y la lectura se han convertido en uno de los temas favoritos en la sociedad actual. Todos los días se habla de ello en los periódicos, en la radio, en la televisión, en las aulas universitarias, en congresos, simposios, mesas redondas y coloquios nacionales e internacionales, en la UNESCO, en los ministerios de educación y de cultura de todos los países, en fin, en todo el mundo... El punto de partida, casi invariablemente, es la afirmación de que cada día se lee menos, y se achaca tal supuesto a diversos factores, pero sobre todo a los medios de comunicación audiovisual.
Según numerosas personas que se ocupan del tema, estos medios han venido desplazando a la lectura como actividad favorita de jóvenes y adultos, y acabarán aniquilándola del todo. Por supuesto, la cesación de la lectura como actividad más o menos cotidiana significa, entre otras cosas, la muerte definitiva del libro.

¿Hasta qué punto es cierto todo eso? La respuesta es muy difícil. Quienes afirman que cada día se lee menos se basan sólo en observaciones empíricas, y posiblemente superficiales, pues no se han hecho, que sepamos, investigaciones serias, de corte científico, que permitan unas conclusiones al respecto suficientemente seguras y fiables. Las mismas estadísticas que pretenden avalar esa afirmación son sospechosas, no sólo en la medida en que lo son todas las estadísticas sobre fenómenos sociales, sino también porque tampoco han sido obtenidas mediante procedimientos del todo ajenos a lo primitivo y rudimentario.

No podemos, pues, afirmar categóricamente que hoy día se lee menos, igual o más que antes. Pero sí podemos decir que cada día se publican más libros en el mundo. En los países donde la industria editorial ha sido tradicionalmente fuerte, la producción de libros ha ido en aumento, pese a la crisis económica que hoy atraviesan todos los pueblos de la tierra, aunque, como es natural, con desiguales indicadores de gravedad. Al comienzo de la fase más aguda de dicha crisis, también la industria editorial, actividad económica como cualesquiera otras, sufrió serios descalabros.

En los países que siempre habían sido grandes productores de libros, desaparecieron muchas editoriales pequeñas o medianas, pero no del todo, porque casi siempre fueron absorbidas por otras empresas más grandes y poderosas, las cuales tuvieron el acierto de conservar los sellos, colecciones y demás características de las editoriales absorbidas. Y es un hecho fácilmente verificable que la industria del libro ha sido uno de los renglones que, aun cuando la crisis persiste en buena parte del mundo, han logrado un grado apreciable de recuperación.

Por otra parte, y paralelamente a ese comportamiento de las principales editoriales en los países de mayor desarrollo, en los menos desarrollados, donde prácticamente no existían editoriales, han ido apareciendo empresas productoras de libros, de diversos tamaños, características económicas y orientaciones.

Incluso pequeñas agrupaciones alternativas, empeñadas en la producción, a veces artesanal, de libros que, por diversas causas, no tienen posibilidades de ser acogidos por las casas editoras más o menos grandes e importantes. En muchos lugares se ha desarrollado también la reproducción en fotocopias de fragmentos de libros, o de libros enteros, para lo que incluso se han constituido pequeñas empresas de tipo rudimentario o familiar.

Sin embargo, puede argüirse que el aumento en la producción cuantitativa de libros no significa necesariamente que aumente también el hábito de leer. Ello puede ser verdad, pero aquí entramos de nuevo en el círculo de las hipótesis, difícilmente sostenibles si no se hace un estudio serio y confiable del fenómeno. Mas hay otros datos que se relacionan con el mismo asunto, como es, por ejemplo, el aumento, en algunos casos extraordinario, del número de bibliotecas en casi todos los países, y, además, el incremento considerable y constante del número de usuarios de esas bibliotecas.

Esto puede deberse, claro está, entre otras razones, al encarecimiento, a veces desorbitante, del precio de los libros, pero de todos modos no deja de ser un síntoma que, al parecer, se contradice con la creencia muy generalizada de que cada día se lee menos.

Suele decirse, en apoyo a la idea acerca de la presunta disminución de la costumbre de leer, que antes se leía más, particularmente en el ámbito escolar, desde la primaria hasta la Universidad. La gente de nuestra generación leía más que ahora, es verdad. En nuestra infancia y juventud generalmente leíamos todos, pero éramos muchos menos en las aulas. Las necesidades sociales y políticas trajeron como consecuencia la masificación de la enseñanza.

El abandono de la educación por los gobiernos en los países capitalistas llegó a ser tan grande, que le permitió decir al pensador argentino Héctor P. Agosti lo siguiente: «Si la escuela no es el índice único de la cultura, representa sin embargo su exterioridad más visible y significativa. Mirada desde este ángulo, la degradación cultural no puede ser más notoria: es el acta de acusación más tremenda que podemos erigir contra las clases dominantes».
  
En Latinoamérica, las dictaduras vesánicas y primitivas redujeron a irrisorios los esfuerzos educativos. Y cuando en casi todos los países de nuestro Continente nos sacudimos las últimas dictaduras padecidas en el presente siglo, hubo que hacer enormes esfuerzos para incorporar millones de niños y jóvenes a los sistemas escolares. Sobrevino entonces la masificación, como un mal necesario.

Y fue un mal, no porque lo fuese intrínsecamente, sino porque se aumentaron al máximo las matrículas escolares, recurriendo, incluso, para ello a medidas heroicas anunciadas como «provisionales», pero no se supo adoptar nuevos sistemas de enseñanza, y se pretendió atender a los enormes grupos de niños y jóvenes incorporados a las escuelas, liceos y universidades, con los mismos métodos diseñados para educar pequeños grupos. Y aquellas medidas «provisionales» para un terrible mal, como es la ausencia de los niños y jóvenes de las escuelas, se fueron convirtiendo en permanentes.

No es posible, pues, afirmar de manera categórica que hoy se lee menos que antes, ni que se lee más, mientras no se haga una investigación a fondo, con una metodología que garantice que sus resultados sean suficientemente confiables. Lo que sí nos parece evidente es que hay actualmente una gran desorientación en la lectura por parte de los jóvenes. Una de las fallas más notorias y graves de los sistemas educativos reside en que enseña mal a leer, y no orientan debidamente a los niños y jóvenes acerca del arte de la lectura.

La mayor parte de lo que leen los niños y los jóvenes se reduce a fragmentos de los textos escolares, para satisfacer escuetamente los requerimientos mínimos de sus tareas de aprendizaje. Leer sólo textos escolares, por supuesto, no es de por sí malo, pero requiere lecturas complementarias, tanto de enseñanza como recreativas.

Además, hoy es muy común que los lectores, principalmente los niños y jóvenes, abandonen la lectura de un libro por la mitad o apenas comenzado. Y ni siquiera se trata siempre de obras voluminosas, cuya extensión pudiera justificar su abandono, sino muchas veces de libros breves, cuya lectura se abandona, además, no por desinterés o desagrado de su contenido, sino por indisciplina intelectual, que es de las peores.

Por otra parte, es evidente, aunque cuesta mucho reconocerlo y aceptarlo, que la lectura ha sido, es y será siempre una actividad minoritaria. Es inútil e ilusorio pretender que todas las personas, sin excepción, tengan el hábito de leer. Contra ello se tropieza con un inconveniente insuperable relacionado con el gusto. La lectura tiene que ser, más allá de las obligaciones escolares o de cualquier otra índole, algo voluntario, basado necesariamente en la satisfacción de un gusto individual. ¿Y cómo se puede lograr que todo el mundo sienta placer en la lectura?

El gusto de leer es exactamente igual al gusto por la buena música, por el deporte, por el cine, por la pintura, por el teatro, por la ópera, hasta por algún tipo de comidas y bebidas. Y así como a nadie se puede obligar a tener determinados gustos de esa naturaleza, tampoco puede obligarse a nadie a sentir gusto por la lectura. Y no se trata necesariamente de personas incultas o de baja extracción social.

Entre individuos de un elevado nivel económico o social, e incluso de un alto grado de escolaridad y de formación profesional, hay mucha gente que no se siente atraída por la lectura. Y están en su derecho. Aunque no figure en las tablas de los derechos humanos, el gusto (o, si se quiere, el mal gusto) es un derecho inalienable de todas las personas.

Esto de que los buenos y asiduos lectores sean siempre una minoría parece, además, un hecho natural. Pensemos en una sociedad donde todas las personas, sin excepción, o con muy pocas, tuvieran el hábito de leer frecuentemente: ¿Qué cantidad de libros y periódicos tendrían que imprimirse para satisfacer tan enorme demanda? Sin embargo, esto no quiere decir que no se deba hacer esfuerzos para que esa minoría sea cada vez más grande. Las campañas pro lectura deben ser constantes, inteligentes, persuasivas, con miras a lograr que cada día se incorporen más personas a la minoría de lectores.

Pero si hacemos esfuerzos para aumentar el número de aficionados a la lectura, pensando que podemos lograr un éxito de un 90 o 100 %, al verificar que sólo pudimos alcanzar un porcentaje mucho menor puede cundir la decepción y el pesimismo, por creerse que el esfuerzo ha fracasado. Por ello es importante que las campañas en favor de la lectura se realicen a conciencia de que el resultado siempre será limitado, pero también de que es posible mantener un núcleo importante de buenos lectores, e incluso hacer que ese núcleo se incremente constantemente.

Paradójicamente, el hecho de ser la lectura habitual y sistemática una actividad minoritaria, viene a resultar en cierto modo favorable, porque permitirá la supervivencia del hábito de leer, más allá de los fatídicos vaticinios acerca de la muerte de la lectura, y aun del lenguaje articulado, sustituidos, según dicen algunos, tardíos seguidores de Marshall McLuhan, por la imagen icónica de los llamados medios audiovisuales.
  
No es verdad que los medios audiovisuales sean una amenaza mortal para el libro y el lenguaje articulado. No es difícil verificar que la mejor promoción que puede hacerse a una obra literaria es llevarla al cine o a la televisión. Inmediatamente que la obra aparece en las pantallas cinematográficas o de la televisión, la gente, es decir, esa minoría lectora de que antes hablamos, va a las librerías o a las bibliotecas en busca del libro. Pareciera que la versión audiovisual no fuese suficientemente satisfactoria para esos lectores, que buscan en las páginas impresas lo que en las pantallas no encontraron.

De modo que, entre el libro y los medios audiovisuales, se ha venido estableciendo una especie de mutua cooperación en la que ambos instrumentos se complementan, en vez de interferirse. Ahora bien, esa interacción supone que el libro asuma, ahora más que nunca, su papel de medio de comunicación. De hecho, siempre lo ha sido.

Es lógico que lo haya sido y lo sea, puesto que el libro es en la historia de la cultura, a partir de cierto momento, muy remoto, la más acabada realización del lenguaje escrito, que a su vez marca la plenitud del lenguaje articulado como  medio de comunicación más completo y eficaz. Ni siquiera el periódico, con todo lo enormemente importante de su función comunicativa, ha logrado quitar al libro su carácter fundamental de medio de comunicación escrita por excelencia.

El periódico y el libro, por supuesto, son medios de comunicación diferentes, al mismo tiempo que también complementarios. Pero es evidente que esa minoría lectora de que tanto hemos hablado ha mantenido su fidelidad al libro, aun sin prescindir tampoco de la lectura del periódico. Éste es, claro está, un recurso masivo para la información, en mucho mayor grado que el libro. Pero, para ese sector de los seres humanos, el libro es imprescindible, porque en sus páginas tiene cabida un mayor volumen de información que en los periódicos.

Más aún, al libro van los buenos lectores a completar, precisar, ampliar y ahondar la información, necesariamente escueta y esquemática, que le han suministrado los periódicos. Cuando, desde este punto de vista, hablamos de periódicos, no nos referimos, por supuesto, a las revistas especializadas, científicas o de otra índole, porque éstas sólo se hermanan con el periódico por la periodicidad de su aparición, pero de hecho, por su estructura, su contenido y sus funciones específicas, tal tipo de revistas, sin importar cuál sea su formato, están más cerca del libro que del periódico propiamente dicho.

Podría objetarse que la simple supervivencia, hasta el presente, de ese núcleo de buenos lectores fieles al libro, que ya hemos definido como minoritario, no garantiza que esto sea siempre así, pues al ir desapareciendo los individuos que hoy forman ese sector, las nuevas generaciones irán siendo cada vez mayormente adictas a los medios audiovisuales, y a sus más recientes derivaciones en el campo de la informática, con lo cual la costumbre de leer libros irá siendo más o menos rápidamente aniquilada. No creemos que eso ocurra. La minoría lectora en cada sociedad siempre estará allí, porque su costumbre de leer responde a una necesidad vital, que no todos los seres humanos sienten con la misma intensidad, pero que sí define a determinadas personas.

Recordemos lo que dijimos más arriba, respecto al gusto de las personas. En todo conglomerado humano habrá siempre núcleos que aman y disfrutan la música, la pintura, los deportes, el cine y demás expresiones estéticas y/o recreacionales. Siempre será una minoría, pero su existencia está asegurada por un rasgo intrínseco de la condición humana de esos seres que, de esa manera, pertenecerán a lo que podría definirse como un sector privilegiado de la población.

Por supuesto que la existencia de este sector, como ya lo dijimos, podrá ser fortalecida, y ampliadas las dimensiones del mismo, mediante campañas inteligentemente diseñadas y realizadas para favorecer la lectura. Pero el ansia de leer en determinadas personas ha sido, es y será siempre un hecho natural, aunque posible de ampliarse, mejorarse y fortalecerse.

En este mismo orden de ideas, se ha dicho también que a los ya tradicionales medios audiovisuales se ha unido ahora la informática, para hacer más inevitable la muerte del libro. Y se esgrime como argumento la existencia ya de las versiones electrónicas, mediante el cederrón, lo cual permite la lectura de libros enteros en la pantalla de las computadoras más sencillas y comunes.

Es verdad, existe incluso una bellísima versión electrónica de la edición príncipe del Quijote, que podemos literalmente «hojear», ya no sólo en la tranquilidad de nuestras casas, sino en cualquier lugar donde nos encontremos, con la ayuda de una computadora portátil, de reducidas dimensiones.

Sin embargo, ¿habrá alguien realmente capaz de leerse totalmente las dos partes del Quijote en una pantalla de computadora? Lo dudamos mucho. Versiones como ésas de obras extensas, de lectura más o menos compleja, nunca pasarán de meras curiosidades, dignas de tenerse y de exhibirse ante otras personas, deslumbradas por tamaño prodigio. Pero sí serán excelentes y de mucho uso cuando se trate de obras instrumentales, como diccionarios, atlas, compendios estadísticos, ciertos libros de texto, etc., que, como herramientas de trabajo, deban ser consultados periódicamente, lo cual en tales casos se facilita muchísimo. Pero de ahí a la lectura propiamente, como estudio e investigación o como solaz y recreación, media un abismo. Y en este caso el libro resulta insuperable.



No creemos, pues, en la muerte del libro como medio de comunicación, y en tanto que tal, como fuente insuperable de conocimientos, de información de todo tipo, pero también de solaz y de placer. El círculo de los lectores, por otra parte, seguirá siendo minoritario, aunque de hecho se pueda extender, haciendo que de manera continua se incorporen más personas al privilegiado club de los lectores asiduos.

sábado, 26 de marzo de 2016

El diario británico "The Independent" publicó hoy su última edición en papel



                                            El tradicional matutino saldrá desde mañana únicamente en formato digital debido a las millonarias pérdidas y al incremento de visitas en su página de Internet, que creció 33 % en un año

SÁBADO 26 DE MARZO DE 201617:38
8924 La Nación Bs. As.

LONDRES.- El tradicional diario británico "The Independent" publicó hoy su última edición en papel, con una portada en blanco, ya que a partir de ahora tan sólo saldrá en formato digital.

El grupo propietario, ESI Media, anunció el fin de la edición en papel de "The Independent" el 12 de febrero, que achacó a los cambios experimentados en la industria periodística, y develó que podían llevarse a cabo algunos recortes de plantilla.


"Ésta es la época más emocionante en la historia del periodismo. Nuevos instrumentos, nuevos mercados, nuevos modelos de negocio y nuevas audiencias están consumiendo volúmenes de información antes inimaginables. La tecnología digital hace que llegar hasta ellos sea más fácil que nunca", señaló hoy su director, el ruso Evgeny Lebedev, en una carta de agradecimiento y despedida a los lectores.

El director dijo que "mantener los estándares de clase mundial y los valores es la parte difícil, pero puede hacerse. Ése es el contexto en el que The Independent se hace global, digital y da beneficios".

Pérdidas millonarias

Evgeny recordó cómo su familia compró hace seis años "una de las mejores cabeceras de la historia de los medios de comunicación" que, entonces tenía pérdidas anuales de 25 millones de libras (31,6 millones de euros).

El diario británico daba pérdidas millonarias en su formato papel
El diario británico daba pérdidas millonarias en su formato papel.
En su mensaje, Lebedev remarcó que "el periodismo ha cambiado enormemente durante la vida de este periódico", por lo que el diario "también debe cambiar, adaptándose a las tecnologías y hábitos que los valientes fundadores del diario no podrían haber previsto".


Al anunciar el pasado mes el fin del periódico en formato papel, el grupo mediático ESI Media también reveló que crearía 25 nuevos puestos de trabajo en la versión online.

La versión dominical del diario, "The Independent on Sunday" ya dijo adiós a sus impresiones en formato tradicional el pasado día 20. El periódico "i", una versión pequeña del "Independent", destinado a los ciudadanos que toman el metro, fue vendida a la editorial Johnston Press.

Más visitas en la Web

El número de visitas a la página digital del diario ha aumentado un 33% en los últimos doce meses, según datos de ESI Media, que espera aumentar sus ingresos en un 50% este año.


Los periódicos del "Independent" forman parte de un grupo en poder de la familia Lebedev, que tiene otros activos en el área de los medios de comunicación, entre ellos el vespertino "Evening Standard" y el canal de televisión local "London Live".

lunes, 22 de febrero de 2016

Un niño de cuatro años, condenado a cadena perpetua por asesinato en Egipto


Cientos de menores cumplen condena en las cárceles egipcias juzgados como adultos



ALICIA ALAMILLOSEl Cairo - 21/02/2016 a las 08:30:49h. - Act. a las 17:12:37h. ABC MADRID

Un tribunal egipcio condenó esta semana a cadena perpetua a Ahmed Mansour Karni, de tan sólo cuatro años, por los cargos de asesinato, intento de asesinato y destrucción de propiedad pública en 2014, cuando el pequeño apenas tenía dos años.

Sobre Mansour Karni, juzgado in absentia el pasado jueves por una corte militar del Cairo, pesa ahora una orden de arresto que, de cumplirse, le añadiría a los cientos de menores que cumplen condena en las cárceles egipcias juzgados como adultos durante la 'pesca de arrastre' del Gobierno egipcio en busca de partidarios del depuesto expresidente Mohamed Morsi.

En la exhaustiva y muchas veces aleatoria –según han denunciado organizaciones proderechos humanos- búsqueda de culpables de las protestas que siguieron al golpe de Estado en 2013 que aupó al exgeneral Abdelfatah Al Sisi, las redes de la Justicia egipcia han condenado a muerte o cadena perpetua, en juicios multitudinarios, a cientos de personas, entre ellos periodistas, niños o incluso ancianos ciegos, como ha sido el caso del pequeño Karni. Su nombre fue añadido en 2014 a una lista de más de 110 acusados que han sido finalmente juzgados y condenados conjuntamente por cuatro delitos de asesinato, ocho de intento de asesinato, amenazas a oficiales de policía y vandalismo contra una sede de la Administración Sanitaria en la provincia de Fayún (a unos 170 kilómetros del Cairo).

Un error
«Su nombre debió ser añadido por error», señala a medios locales su abogado, quien apenas puede creerse el veredicto. «El certificado de nacimiento -que demuestra que Karni nació en septiembre de 2012- fue presentado cuando las fuerzas de seguridad añadieron su nombre a la lista de los acusados, pero entonces el caso fue transferido a una corte militar y los documentos no han llegado al juez».

Otros abogados de los 116 convictos han criticado que la condena del pequeño Karni «demuestra que el juez no se leyó el caso».

Este es tan sólo el último caso de que «el sistema Judicial egipcio es ciego y no importan las pruebas», denunció a ABC la activista Mona Seif, que criticó estos macrojuicios que demuestran que el Estado «tiene miedo incluso de los niños».


Una Justicia que no teme divulgar su adhesión al régimen y su implacable persecución contra supuestos partidarios de la Hermandad Musulmana, ahora declarada organización terrorista. A principios de mes, el ministro de Justicia egipcio, Ahmed Al-Zind afirmó en televisión que no estaría «satisfecho» hasta que 10.000 hermanos musulmanes fueran condenados por cada miembro asesinado de las fuerzas armadas. Un deseo que esta vez ha alcanzado a un niño de cuatro años.

lunes, 25 de enero de 2016

Quería cruzar la Antártida solo y murió a menos de 50 kilómetros de la meta



El fracaso y el èxito son dos caras de la misma moneda. A travès de perdidas y errores ganamos cosas nuevas.Cuando nos encontramos en esos que llamamos peores momentos.Cuando utilizamos el fracaso sin miedo como un proceso de aprendizaje pues, eliminamos toda debilidad y nos fortalecemos en caràcter. María Eugenia Hassan

Un objetivo que nadie pudo lograr

El explorador británico Henry Worsley (55) se rindió ante el agotamiento en la recta final de su trayecto de 1.770 kilómetros y falleció por deshidratación. Lo despidieron Beckham y el príncipe William.     
El británico Henry Worsley, que intentaba convertirse en la primera persona en cruzar la Antártida a pie y sin ningún tipo de ayuda, murió en un hospital en Chile por una "deficiencia completa de sus órganos", informó su esposa, Joanna. El explorador, de 55 años, fue trasladado el viernes por aire a la Clínica Magallanes en Punta Arenas, en el sur de ese país, después de enviar un mensaje por radio en el que pedía ayuda.

Worsley, ex miembro del ejército británico, dijo en su comunicación que estaba exhausto y que sufría de deshidratación. Su viaje había comenzado 71 días atrás y se encontraba a sólo 48 kilómetros de completar la hazaña. Su esposa dijo apenada que su amor "murió pese a todos los esfuerzos" de los médicos. Worlsey fue operado de urgencia, pero falleció en el hospital.


El príncipe William de Inglaterra expresó su tristeza por la pérdida de un hombre que consideraba "un amigo y una inspiración". El príncipe, uno de los promotores de la expedición, dijo a la prensa que tanto él como su hermano, el príncipe Harry, se encontraban muy tristes por la noticia: "Hemos perdido a un amigo, pero seguirá siendo una fuente de inspiración para todos nosotros, especialmente para los que se beneficiarán de su apoyo a través del Endeavour Fund". En Instagram, David Beckham, que conoció a Worsley, también le dedicó una despedida: "No hay palabras que puedan describir la tristeza de perder a Henry".

El Blog se adhiere a las muestras de condolencia a su familia y amigos. Paz a su alma...


La última selfie que se tomó

La última selfie del explorador que murió en la Antártida

A menos de 50 km de la meta
En Twitter, Henry Worlsey fue contando su fallida travesía de 70 días.

El explorador británico Henry Worsley intentaba emular la expedición fallida que emprendió hace un siglo su compatriota Ernest Shackleton. Quería ser el primer hombre en cruzar solo, sin siquiera la ayuda de perros, la Antártida. Estuvo a sólo 48 kilómetros de lograr su objetivo, pero murió deshidratado y agotado.
En la cuenta de Twitter @ShackletonSolo y en su blog de viaje, el explorador fue contando la severa misión, en la que pensaba ocupar 75 días para recorrer 1.770 kilómetros. Las fotos que Worsley subió impactan y cobran otra relevancia ahora, conocida su muerte.

El pionero al que quiso homenajear el explorador muerto

La historia de Ernest Shackleton
Fue el más célebre de una generación mítica de aventureros de la Antártida. Nunca llegó al Polo Sur. Pero se convirtió en un héroe que inspiró a Henry Worsley en su travesía hacia el Polo Sur.

El explorador británico Henry Worsley, quien intentaba convertirse en la primera persona en cruzar la Antártida sola y sin ningún tipo de ayuda, murió este lunes en un hospital en Chile por una "deficiencia completa de sus órganos". Estaba a menos de 50 km de cumplir la hazaña y buscaba emular a Ernest Shackleton, quien aunque no lo logró, se convirtió en un prócer dentro de la llamada "Edad heroica de la exploración de la Antártida". Aquí, la historia del hombre que inspiró a Worsley a adentrarse en el continente blanco.
Quienes aman las lecturas sobre travesías heladas, conocen bien las historias sobre el Capitán Scott. Robert Falcon Scott, como decía su ficha de enrolamiento en la Real Armada británica, dirigió dos expediciones a la Antártida: la Expedición Antártica Británica (1901-1904) y la Expedición Terra Nova (1910-1912). Junto a cuatro hombres, el 17 de enero de 1912 festejó a los saltos en la nieve por haber "conquistado" el Polo Sur. Pero había perdido la carrera. El noruego Roald Amundsen se le había adelantado y completado la hazaña 34 días antes. Como Amundsen no murió durante el regreso del Polo Sur, Scott fue quien se convirtió en el héroe de esta historia. 


Pero el Capitán Scott no estaba solo mientras descubría la Antártida. Ernest Shackleton, irlandés y tercer oficial al mando, lo acompañó durante la Expedición Antártica Británica. Juntos llegaron hasta un punto situado a 857 kilómetros del Polo Sur. Nada mal para no tener experiencia en el manejo de trineos y soportar peleas constantes surgidas de la fuerte personalidad de ambos. Ni bien Shackleton, regresó a suelo británico ideó un nuevo viaje hacia el -finalmente traicionero- continente helado. En 1907 lideró la Expedición Antártica Imperial Británica y junto a tres de sus hombres se quedó a sólo 180 kilómetros del Polo Sur. Decidió pegar la vuelta: "Más vale burro muerto que león vivo", dijo.

Película para televisión estrenada en 2002 sobre la vida del heroico Shackleton, protagonizada por Kenneth Branagh
El logro de Amundsen no lo desanimó y en el periódico Times publicó este anuncio: "Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito". Hubo más de 5 mil postulantes y se eligió a 28 de los hombres más robustos. El 1° de agosto de 1914 el barco Endurance partió del puerto de Londres con la meta de por fin alcanzar el Polo Sur, en un viaje de 3 mil kilómetros de aguas glaciares.


El 21 de noviembre el Endurance se hundió. Los que sobrevivieron se alimentaron de los perros que antes tiraban de los trineos. Frente a la tragedia, Shackleton decidió ir caminando y en pequeños barcos hacia la Isla Paulet, a 55 kilómetros de dónde estaban. Pero las corrientes marinas no quisieron y decidió virar nuevamente hacia la Isla Elefante, en el archipiélago de las Shetland del Sur. Junto a cinco de sus hombres, la alcanzó en abril de 1915 y decidió que la travesía debía continuar unos 1.280 kilómetros más por las aguas de Drake, sobre una embarcación que no superaba los 7 metros de largo. 16 días más tarde, sin agua, llegaron a la Isla de Georgia del Sur. Tres de sus hombres no pudieron seguir caminando y se quedaron a esperar a su líder. Junto a los dos compañeros que le quedaban, Shackleton partió hacia la Isla de San Pedro en busca de una base ballenera. Tras una travesía de 35 kilómetros cruzando montañas de más de 1200 metros de altura, 36 horas más tarde Shackleton volvió a la Isla Elefante, a bordo de un barco chileno. Rescató a los hombres que lo esperaban y nunca llegó al Polo Sur. Pero se convirtió en un héroe que le dio fuerzas a Henry Worsley cada vez que el explorador levantaba un pie y volvía a hundirlo sobre el continente blanco.