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JUAN YÁÑEZ, vuestro humilde servidor, les da la bienvenida...

domingo, 18 de enero de 2015

Una ‘tormenta perfecta’ pone a prueba al Gobierno de Venezuela


La caída del petróleo y el menor apoyo cubano lastran el mandato de Nicolás Maduro
El día a día: escasez, largas colas, restricciones y mercado negro

EWALD SCHARFENBERG Caracas 18 ENE 2015 - EL PAÍS Madrid
                              

Una tormenta perfecta se cierne sobre el Gobierno de Nicolás Maduro, el sucesor designado por Hugo Chávez poco antes de morir y ratificado en las urnas como presidente de Venezuela en abril de 2013. Todo lo que antes le era favorable a las autoridades de Caracas ahora parece haberse vuelto en su contra.

La mala racha del bolivarianismo se concreta en las largas filas que se forman para entrar a tiendas de alimentación y supermercados, por lo general, desprovistos de productos básicos de la canasta diaria, como leche, carne, papel higiénico, detergentes o harina de maíz.

“La culpa de las colas la tiene la derecha”, diagnosticó el pasado miércoles el presidente de la Asamblea Nacional y número dos del chavismo, Diosdado Cabello. Dos días más tarde, el diputado del oficialismo Julio César Chávez denunció que Estados Unidos había enviado “expertos en doctrina de colapso económico” para comandar la “guerra económica” que, según la jerga gubernamental, la revolución libra.

Pero las dificultades se multiplican con otra guerra, la del petróleo, que el Gobierno atribuye a una estrategia de Estados Unidos para quebrar a Rusia y, asegura Maduro, “darle con el codo a Venezuela”. Desde junio hasta ahora, el precio medio del barril de petróleo —así como las divisas que reporta— ha caído el 60%. Al final de la semana el crudo venezolano se cotizaba, por primera vez desde 2008, por debajo de los 40 dólares por barril.

La incertidumbre, el miedo a la inseguridad y la carestía imponen unos rigores a la subsistencia diaria
Los mercados perciben que el riesgo de que Venezuela —poseedora de las mayores reservas de petróleo en el mundo— deje de pagar sus compromisos externos va en aumento. La agencia Moody's rebajó la categoría de la deuda venezolana al nivel de “alto riesgo”, lo que encarece el financiamiento externo del país.

El presidente Maduro inició el año con una gira de 14 días por Rusia, China y cuatro naciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que concluyó este sábado sin resultados visibles ni en términos de estabilidad de los precios petroleros, ni en captación de dinero fresco para Venezuela.

Pero también en el plano internacional, el país enfrenta un reto empinado y novedoso. Desprovista de la palanca petrolera como argumento diplomático, al mismo tiempo le falla el apoyo cubano. El régimen castrista luce más concentrado en buscarse su propia suerte y prepararse para un futuro sin subsidios de petróleo venezolano. La Habana negocia el restablecimiento de relaciones con Washington mientras se esmera en dar muestras de distensión con los resultados de las rondas de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC), que se realizan en la capital cubana. Venezuela participa en el proceso como país acompañante pero con un papel casi ceremonial.

La incertidumbre, el miedo a la inseguridad y la carestía imponen unos rigores a la subsistencia diaria que, de tan intolerables, alimentan en las calles de las ciudades venezolanas la sensación de que algo decisivo va a pasar.

El propio oficialismo comparte esa percepción. “Si se prende el peo, con Maduro me resteo”, coreaban el miércoles pasado en Caracas los asistentes a una discreta concentración en apoyo de la gira de Maduro. La consigna quiere decir que, si se producen disturbios, sus seguidores están dispuestos a sacrificarse por él.

El pasado lunes, el think tank Stratfor se hizo eco en un informe de los rumores acerca de una conspiración encabezada por militares y sectores del chavismo para desalojar a Maduro del poder.

Ciertamente, los tiempos de vacas flacas han puesto de relieve las fracturas internas del oficialismo, desacuerdos que antes el liderazgo de Chávez era capaz de atajar. Por la izquierda, facciones como Marea Socialista —la más visible entre sus críticos— acusan al presidente de desvirtuar la revolución. Por la derecha, los grupos de tecnócratas y militares que tienen a Diosdado Cabello como su potencial representante, apenas ocultan sus dudas sobre la capacidad de Maduro para gestionar una situación que ya va adquiriendo tintes de crisis humanitaria y que fácilmente puede derivar en desórdenes públicos.

Las disputas intestinas del chavismo paralizan al Gobierno, que se ha inhibido por falta de apoyo político de adoptar medidas económicas que se llegaron a anunciar, como la modificación del intrincado régimen de control de cambios de divisas, o el llamado “sacudón” que Maduro planteó en el primer semestre de 2014 para hacer más eficiente la gestión del aparato del Estado.

Así las cosas, el Gobierno enfrenta una prueba que pone en riesgo inminente la continuidad del régimen iniciado en 1999. Sobre los peligros del momento alertaba el viernes en su cuenta de Twitter Luis Vicente León, un reconocido analista y presidente de una empresa de estudios de opinión: “Se equivocan quienes creen que este es momento para provocar acciones tendentes a desequilibrar al Gobierno. Eso sólo conduciría a la anarquía”.

La oposición firma la tregua

ALFREDO MEZA
“Sobran razones para unirnos”. El lema impreso en las paredes del plató donde se celebró la conferencia de prensa del excandidato presidencial Henrique Capriles resumía su nueva estrategia. Después de enfrentarse durante casi todo 2014 con el ala opositora que lideró las protestas contra el Gobierno venezolano, el gobernador del Estado de Miranda deja atrás las diferencias en pos del objetivo superior de poner fin al régimen de Caracas a corto plazo.

En los últimos días, el dirigente ha acercado posiciones con la defenestrada diputada María Corina Machado, con la dirigencia del partido de Leopoldo López, Voluntad Popular, y con el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma. Saber quién tuvo la iniciativa puede resultar ocioso. Lo que sí es una novedad es que ambas partes coinciden en aupar las movilizaciones contra el desabastecimiento y la caótica situación económica.

Coincidiendo con la comparecencia de Capriles, fueron López, Machado y Ledezma quienes enviaban un comunicado en el que reivindicaban su estrategia del año pasado. “Si en 2014 la salida era urgente, en 2015 es impostergable”. La Salida fue el nombre de las protestas entre febrero y junio y que terminaron con 43 fallecidos, cientos de heridos y torturados, y miles de detenidos, pero que propinaron al régimen una derrota política. 

La faz represiva del oficialismo devino en las sanciones establecidas por EE UU en enero contra parte de la nomenklatura local responsable de las violaciones de los derechos humanos.

Todo ocurre en medio de un año electoral crucial para la oposición y el oficialismo. La batalla por el control de la Asamblea Nacional, cuya renovación ocurrirá probablemente en el segundo semestre, determinará cómo llega cada bando a la mitad del período presidencial.

jueves, 25 de septiembre de 2014

¡IMPELABLE! “Maduro da pena, de verdad, da mucha pena” Por César Miguel Rondón


César Miguel Rondón
DolarToday / Sep 25, 2014 @ 1:00 pm

                   Leamos estas palabras del presidente de la república: “…Solo está autorizado por la ley a declarar, valga la expresión, a las autoridades sanitarias del país, como en cualquier país del mundo. Vaya usted que en Estados Unidos un medio de comunicación o una persona salga y diga que hay una enfermedad extraña en el hospital de Nueva York, para que ustedes vean cómo le meten cadena perpetua si no silla eléctrica para que cree una alarma de estas. O que salga el presidente de Conindustria de los Estados Unidos a decir: No, la mitad de los trabajadores de las industrias estadounidenses tiene chikinguya…”.

No, presidente, chicungunya, hay que empezar por identificar la enfermedad y llamarla por su nombre. No, chikinguya. Chicungunya. Cierto, el nombre es raro, pero ese es el nombre.

Pero vayamos a lo importante. Llama la atención la capacidad que se tiene para mentir. Usted se indigna y dice, ¿cómo puede decir este señor estas cosas? Supone uno que tiene su público. Un público que, en efecto, piensa que en Estados Unidos se manda a la silla eléctrica o a cadena perpetua por algo parecido a lo que declaró Eduardo Garmendia, presidente de Conindustria. ¿O será que eso es lo que pretende el presidente Maduro, enviar a una suerte de cadena perpetua o a una silla eléctrica al presidente de Conindustria?

Por lo pronto, el señor Maduro ha entrado en una contradicción. La persecución contra Ángel Sarmiento, el presidente del Colegio de Médicos del estado Aragua, fue por denunciar la emergencia en el Hospital Central de Maracay, y como ayer bien lo explicaron los doctores Castro y Villasmil, y ayer lo destaca El Nacional en primera página: “El Reglamento Sanitario Internacional establece la obligación de denunciar cualquier enfermedad desconocida”. Si es así, entonces el señor Maduro no puede prohibir que los médicos autorizados, las sociedades médicas, se manifiesten sobre el problema.

Pero bien, al punto a donde íbamos: la contradicción de Maduro. Si él acusa que las declaraciones de Ángel Sarmiento eran terrorismo porque no correspondían con la realidad, y después acusa que se intenta desatar una guerra bacteriológica, que, gracias a la presencia de las autoridades cubanas expertas en esas guerras, pudo ser derrotada, entonces, ¿cómo es que ahora hay un brote de chicungunya, presidente, por el cual usted decreta la creación de un Estado Mayor? Porque, además, dale con el tema militar. Y hay un Estado Mayor porque, según leo al presidente citado en la primera página de Últimas Noticias: “El mosquito ha desarrollado resistencia”.

Pareciera que el mosquito decidió entrar en una pelea frontal con el señor presidente. ¡Qué cosa más absurda! Imagíneselos usted en el ring.

Da pena, de verdad. Da mucha pena.

CÉSAR MIGUEL RONDÓN

Fuente: El Nacional

sábado, 5 de julio de 2014

Traiciones a la vinagreta

Orlando Borrego Díaz, alias vinagreta

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  OPINIÓN DEL BLOG

        Prontuario de un criminal que ahora cobra nuevos aires, al parecer por su "asesoramiento" económico al régimen de facto que impera en Venezuela. Luego de la muerte del Che, su amigo personal, se limitó a mantener el pico cerrado sobre la tramoya ideada por Fidel para hacer desaparecer al líder argentino y se convirtió en arrastrado lacayo del castrismo.
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                                       Ernesto Guevara de la Serna, el Che, llegó a la teoría económica después de haber cometido todos los errores posibles e imaginables como presidente del Banco Central de Cuba, como jefe del Departamento de Industrialización, de haber estado al frente del Ministerio de Industrias, y de haber fracasado estruendosamente en su campaña guerrillera en África, de donde escapó de milagro. Refugiado en Praga y alejado de Fidel Castro, ya habían aparecido las diferencias ideológicas, se dedicó a estudiar el Manual de economía política de la Academia de Ciencias Unión Soviética, que hasta entonces no había figurado entre sus lecturas.
Como resultado de ese encierro de más de seis meses en una casa de seguridad del servicio secreto cubano, Guevara escribió unos apuntes que se han conocido como los “Cuadernos de Praga”, que hasta ahora no se han publicado en su totalidad. Se conocen algunos pasajes, pero no se sabe en qué grado han sido intervenidos, falseados, doctorados y distorsionados. El receptor de esas notas fue Orlando Borrego Díaz, un contabilista, que desde los tiempos de la lucha contra Fulgencio Baptista había estado al lado del Che como tesorero de la columna, y al que la revolución prefería más como mecanógrafo que como artillero, pero sobre todo como jefe de los tribunales de fusilamiento, por su severidad y dogmatismo.
Enviado muy temprano a cursos de adoctrinamiento en la Unión Soviética se ganó el sobrenombre de “Vinagreta” porque cuando al obsequiarle al Che un portafolio que le habían dado en Moscú, Guevara le dijo que si en Moscú había aprendido a adular como los rusos y, como respuesta, Borrego, diplomáticamente, le quitó el regalo de debajo del brazo y se retiró de la oficina. Cuando traspasaba la puerta, escuchó: “Hasta pronto, Vinagreta”.
Si no aprendió a adular, si quedó marcado ideológicamente por el modelo estalinista del marxismo. Al recibir en 1966 las notas con las críticas de Guevara al modelo económico que se había instaurado con el nombre de socialismo en Rusia, prefirió esconderlas. Después de la implosión del socialismo real, la caída del Muro de Berlín y de haberse implantado en la Rusia un Estado manejado por las mafias sobrevivientes del régimen ideado por Stalin, Borrego Díaz se atrevió a revelar que desde la década de los años sesenta Guevara había pronosticado el derrumbe del campo socialista, como ocurrió a principios de los años noventa del siglo pasado.
Todavía Borrego no se ha atrevido, o no ha sido autorizado por los cancerberos del modelo estalinista de socialismo, a publicar los apuntes del Che, y como quien administra la última coca-cola en el desierto suministra y cobra caro cada gota, cada palabra que suelta.
Borrego ha sido un corcho. Si antes se mantuvo dentro de la élite cubana debido a su propia ceguera y a la severidad con la que cumplía sus funciones, especialmente administrativas, fue muy riguroso en la gestión del sencillito que le tocó manejar, a partir de 1970, cuando con peculiar candidez se atrevió a adelantarle a Fidel Castro que la campaña por las 10 millones de toneladas de azúcar sería un fracaso, que Cuba no contaba con la fuerza ni con la técnica, y que con la cantidad de caña que se había sembrado y se había cosechado ni moliendo la tierra se obtendrían las toneladas de azúcar que se tenían como meta. El regaño le valió la destitución como viceministro del Azúcar, pero no le quebró su fidelidad perruna al régimen castrista. En sus cálculos de contabilista tenía muy claro que recoger las 8 millones de toneladas, que finalmente fue la cosecha, fundió la economía de la isla. Costaron tanto como si hubiesen sido 20 millones. Ni vendiéndola 50 veces por encima de los precios del mercado podrían recuperar lo derrochado en ese capricho de Fidel Castro, un adjetivo que casi lleva al paredón a Juan Almeida.
Borrego se quedó, y como miembro de la élite gobernante, estudió, a ratos, Economía en la Universidad de La Habana. Ningún profesor se atrevió a cuestionar que no hubiese terminado el bachillerato ni a ponerle una nota por debajo de los niveles de excelencia. En los ochenta, fue a Moscú a cursar un posgrado en Economía, logro académico que ha sabido ostentar, pero poco lo ayudó a pensar. Aunque el régimen estaba en sus postrimerías y conocía de los pronósticos económicos que había hecho el Che en Praga, no se conoce ningún alerta, ningún documento que permitiera reconocerlo ahora como el hombre más adecuado para manejar crisis económicas derivadas de aplicar el sistema centralista de la economía soviética, que fue precisamente la “tarea” que hizo azarosamente Jorge Giordani en Venezuela en los últimos 15 años.

Borrego ha vivido y viajado sacándole provecho a su amistad con el Che, pero no reivindicando su pensamiento ni sus críticas, sino construyendo un personaje adaptado a sus propios intereses ideológicos y pecuniarios. Ha preferido cobrar por contar “anécdotas” sobre el Che a profundizar en sus críticas al sistema centralista totalitario soviético que todavía pervive en Cuba. Ahora cobra en dólares para reproducirlo en Venezuela, aunque sabe que dialécticamente va camino a su propia destrucción. Un revolucionario riguroso y radical que fusila al médico burgués que le podría salvar la vida. Vendo La Sagrada Familia de Marx, impoluto, intermediarios abstenerse.

sábado, 26 de abril de 2014

Prohíben manifestaciones sin permisos en Venezuela

Sábado 26 de abril de 2014 | 14:15 LA NACIÓN BUENOS AIRES

A pesar del fallo judicial, cientos de venezolanos avisaron que no se callarán. Foto: AFP 

El derecho a la manifestación no es un derecho absoluto, dictaminó esta semana el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, que autorizó a dispersar hasta las manifestaciones pacíficas
   
                                  El derecho a la manifestación no es un derecho absoluto, dictaminó esta semana el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, y admitió que en los casos que no medie un permiso de las autoridades, la policía debe dispersarlas, aun cuando sean pacíficas.

El máximo tribunal anunció el último jueves en un comunicado que la Sala Constitucional interpretó el artículo 68 de la Constitución, el cual dispone que "los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley; reconociendo en la decisión que ese derecho político no es absoluto y, por ende, admite restricciones para su ejercicio al ordenar que el mismo se ejerza conforme a las previsiones de ley".

En consecuencia, el Tribunal Supremo estimó que "resulta obligatorio para las organizaciones políticas así como para todos los ciudadanos, agotar el procedimiento administrativo de autorización ante la primera autoridad civil de la jurisdicción correspondiente, para poder ejercer cabalmente su derecho constitucional a la manifestación pacífica".

"Cualquier concentración, manifestación o reunión pública que no cuente con el aval previo por parte de la respectiva autoridad competente para ello, podrá dar lugar a que los cuerpos policiales... actúen dispersándola con el uso de los mecanismos más adecuados para ello", agregó el escrito.

La interpretación legal se produjo en el marco de más de dos meses de violentas protestas contra el gobierno.

Las autoridades repetidamente han negado el permiso a marchar a los estudiantes, principales promotores de las protestas en contra del gobierno del presidente Nicolás Maduro, alegando que, el 12 de febrero, la oposición realizó una caminata que culminó en los violentos incidentes que dejaron un saldo de tres muertos, varias decenas de heridos y destrozos en instalaciones públicas.

La Sala Constitucional no se refirió a la segunda parte de ese artículo, que refiere que "se prohíbe el uso de... sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas", pero que son usadas profusamente para dispersar a los manifestantes.

A través de su cuenta en Twitter, el catedrático y experto constitucionalista José Vicente Haro expresó que "ahora entonces estamos en un Estado de Excepción permanente y sólo podemos ejercer el derecho a la manifestación cuando lo permita el Estado".

"La Sala Constitucional con cada sentencia destruye, desarma, desvanece los DDHH (derechos Humanos) y la Constitución como si fuera PODER CONSTITUYENTE", agregó en otro tuit en alusión a dos recientes sentencias relacionadas con las protestas callejeras de los últimos dos meses.

PRISIÓN A OPOSITORES

El Tribunal Supremo sentenció a mediados de marzo al alcalde de la ciudad de San Cristóbal, Daniel Ceballos, del partido opositor Voluntad Popular, a 12 meses de prisión y cese de sus funciones por desacato al máximo tribunal al no "evitar las barricadas" en esa jurisdicción.

Una decisión similar fue dictada días antes contra Enzo Scarano, alcalde opositor del municipio de San Diego del estado central de Carabobo, quien fue condenado por el Tribunal Supremo a 10 meses y dos semanas cárcel y la destitución de su cargo por no derribar las barricadas en esa localidad.

Desde febrero Venezuela se ha visto sacudida por las protestas de universitarios y opositores contra la inflación, el desabasto y la creciente criminalidad.

Los violentos incidentes registrados en Caracas y otras ciudades han dejado 41 muertos, 674 heridos y unos 2.285 detenidos, de los cuales 175 permanecen arrestados y sujetos a procesos judiciales, según la Fiscalía General.


Maduro descalifica esas manifestaciones, las cuales dice son parte de un plan de la oposición para promover un golpe de Estado.

EL BLOG OPINA

                           Medidas como estas, son la muestra más palpable de la ineptitud de un gobierno que agoniza. Hasta un niño se daría cuenta de que quien amenaza por miedo no llegará muy lejos. Más todavía, aumentará el número de aquellos que protestan por el solo hecho de desobedecer esta medida. ¿Qué hará el gobierno? Reprimir aún más....?  Peor negocio de imprevisibles resultados... Entonces qué...?, amanecerá y veremos...

martes, 1 de abril de 2014

El chavismo sin chavez no existe


SOBRE LA MARCHA
Por
 ELIDES J. ROJAS L.

 31.03.2014



El chavismo terminó con la muerte del comandante. No hay ni comandante supremo ni mucho menos eterno. El que canta el himno nacional en las cadenas de Maduro no existe. Los ojitos de las franelas no ven más. Ese cuento de que Chávez vive y vive se acabó. Y el chavismo también va rumbo al Cuartel de la Montaña. Va directo, en bajada y sin frenos.

A Hugo Chávez lo mató el cáncer. Un cáncer fulminante. Ayudado, ciertamente, por la piratería cubana y su propio empeño en seguir de protagonista como si se tratara de un joven sano. No lo era. Era casi un sexagenario y enfermo. No pudo con eso. Se murió. Pero al chavismo, lo que la gente llama chavismo, lo está matando otra cosa. Lo primero que hay que decir es que efectivamente Chávez sí dejó un legado. Dejó todo lo necesario para que lo cotidiano se encargara de matar a su propia corriente política. Es la vida la que está acabando con el chavismo. Es lo que dejó Chávez como herencia, comenzando por Maduro, lo que está dinamitando a eso que llaman chavismo. Y, poco a poco, sin remedio va rumbo a la desaparición o al repudio, que en política es lo mismo. Cuando Chávez estaba vivo era de teflón. Todo lo malo que hacía rebotaba. Nunca era considerado culpable de nada. La gente culpaba a cualquier cosa. El imperio, la oposición y la derecha regularmente pagaban los platos rotos. Pero los tiempos cambian y, como dicen en la calle, Maduro no es Chávez. Es más, está muy lejos de serlo a pesar de que se copia hasta el modo de mover las manos. Tal vez por eso es que se la están cargando a él y su papá adoptivo. Toda copia es mala por mandato divino. Y más cuando se trata de una que tiene características fraudulentas. Es seguir engañando a la gente como si el muerto estuviera vivo a ver si gozan de los beneficios que reportaba el comandante fallecido. Pero no hay más. Ya se sabe. Se murió.

No hay que repasar tan profundamente la situación de Venezuela. Escasez, pobreza, desempleo, empresas boqueando o quebradas. Crisis política, social y económica. Crisis de divisas. Una deuda interna y externa enorme e impagable. La delincuencia en todas sus formas mandando sin ningún peligro en el país. Manda el secuestro, el asesinato, el narcotráfico, las estafas. Hasta los motorizados hacen lo que les da la gana con este gobiernito fracasado, aunque para muchos los motorizados (con sus excepciones) son en realidad los colectivos violentos del chavismo. Puede ser. Cuando atacan en las protestas no hay motorizados en la ciudad. Desaparecen. El interior de Venezuela es cada día más Cuba. Desolación, ruina y desabastecimiento parejo. Los jóvenes no quieren estar más en el país. No ven futuro y tienen razón. ¿Dónde van a trabajar? ¿En Mercal? ¿Ingeniero cargando bolsas en Mercal? Y ese es el problema mayor del legado del gigante muerto: asesinó el futuro de los venezolanos, especialmente de los jóvenes venezolanos. Y, efectivamente, es culpable junto a Maduro y el resto del clan castrista.

Alfredo Keller en su última encuesta trae este detallazo. Pregunta ¿Quién es el responsable de la actual crisis económica? La gente responde así: Chávez 9%, Maduro 32%, los dos 28%. Es decir casi 70% encuentra a los responsables por esos lados.

Malas noticias Maduro. Ni el comodín de Chávez vive y vive puede con esto. No hay fuerza en la base del oficialismo. El chavismo está muriendo también. El chavismo sin Chávez ya casi no existe. Por eso tanta represión y tanta muerte. Es lo que les queda.

Elides J. Rojas L.

erojas@eluniversal.com

Periodista y abogado graduado en la Universidad Católica Andrés Bello. De larga experiencia en los medios de comunicación venezolanos es actualmente Jefe de Redacción de El Universal, donde mantiene una columna de opinión que se publica todos los miércoles.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Mario Vargas Llosa: ¡Vacíen los anaqueles!

 17 NOV 2013 - 00:00 CET El País - Madrid

                                      Como el desabastecimiento y la carestía estaban haciendo estragos en Venezuela y aumentando el descontento popular, el presidente Nicolás Maduro, que no sabrá mucho de economía pero es hombre de pelo en pecho y bravuconerías, decidió resolver el problema en un dos por tres. Explicó a su pueblo que la alta inflación que padece el país (57%, la más alta de América Latina) es producto de una conjura maquinada por los Estados Unidos, los empresarios y comerciantes acaparadores y los partidos de oposición para destruir la revolución bolivariana o “el socialismo del siglo XXI”. Y, de un plumazo, ordenó bajar los precios de los alimentos y productos electrodomésticos en 50 y hasta 70%, a la vez que mandaba soldados y cuerpos de choque a ocupar los establecimientos comerciales y enviaba a la cárcel a buen número de “conspiradores”, es decir, los dueños de tiendas y almacenes.
La campaña fue lanzada por el presidente Maduro con la consigna de: “¡Vacíen los anaqueles!”. La orden fue entendida por buen número de despistados como una carta blanca para el saqueo y, sobre todo en Valencia, pero también en Caracas y otras ciudades, se produjeron asaltos y pillajes en medio de una soberbia confusión. Era patético escuchar a las sufridas amas de casa venezolanas, explicando a los reporteros de la televisión oficial lo felices que estaban con esas espectaculares rebajas que les permitirían, en adelante, renovar sus neveras y cocinas y asegurar dos comidas diarias para la familia.
Al mismo tiempo que derrotaba la inflación de un puñetazo en la mesa, es decir, subastando y confiscando cadenas de productos alimenticios y electrodomésticos, el presidente Maduro, mediante la aprobación de la Ley Habilitante, se aseguraba los poderes absolutos que durante un año le permitirán gobernar sin leyes, de la manera cómoda y expeditiva de los dictadores. Para conseguir este atributo, la Asamblea Nacional Venezolana procedió a retirarle la inmunidad a una diputada de la oposición, María Mercedes Aranguren, y a reemplazarla por su suplente, el diputado Carlos Flores, quien, de la noche a la mañana (y mediante generosas prebendas) se volvió chavista y votó a favor de la ley de marras.
Las rebajas impuestas en Venezuela acelerarán el desabastecimiento y el mercado negro crecerá
En suma, pasada la ilusión que estas operaciones han creado en una opinión pública desesperada por la corrupción, el empobrecimiento y la anarquía creciente que vive Venezuela, el precio que el país tendrá que pagar por la demagogia irresponsable de estos días será muy alto. Sin duda, contrariamente a los cálculos del Gobierno, se traducirá en una nueva y más aplastante derrota del Gobierno en las próximas elecciones del 8 de diciembre, lo que obligará a aquél, al igual que en las presidenciales, a un nuevo fraude monumental a fin de mantenerse en el poder pese a su descrédito y a la ruina a la que precipita cada día más a su desdichado país.
Venezuela nunca tuvo una agricultura floreciente, a la altura de las enormes posibilidades agrícolas con que cuenta; pero con el chavismo, sus expropiaciones e invasiones, las tomas arbitrarias de fincas y la asfixiante burocratización imperante, la producción agraria en ciertas regiones se redujo a mínimos y en otras simplemente desapareció. El resultado de todo ello es que el país debe importar casi el 95% de lo que consume, algo que en la época del apogeo del petróleo, apenas se advertía. Pero el control revolucionario implantado por Chávez y Maduro en la industria ha rebajado la producción petrolera venezolana de manera radical, a la vez que la política de control de divisas, una de las fuentes más prósperas de la corrupción, ha convertido la obtención de dólares para los comerciantes y empresarios que necesitan importar materias primas y productos del extranjero en una verdadera pesadilla. Sólo los enchufados en el Gobierno consiguen divisas, o los que están dispuestos a pagar por ellas comisiones millonarias. Los otros deben obtener las divisas en el mercado negro, donde el dólar vale diez veces el precio oficial.
Esa es la explicación de la subida desmedida de los precios y del desabastecimiento generalizado. Las valientes rebajas impuestas manu militari por Maduro sólo servirán para acelerar el desabastecimiento generalizado —los anaqueles se quedarán vacíos, en efecto—, y el mercado negro, que crecerá de manera elefantiásica, estará sólo al alcance de los privilegiados, es decir, los favorecidos por el régimen o por la vertiginosa corrupción generada por la política intervencionista en la economía. En otras palabras, la política del socialismo chavista habrá contribuido a agravar las diferencias económicas y sociales que se proponía abolir.
Mientras tanto, el Partido Comunista chino decide ampliar los mercados libres ya existentes
Al mismo tiempo que ocurrían estas cosas en Venezuela, en Pekín, el Comité Central del Partido Comunista Chino, anunciaba una nueva política económica, ampliando los mercados libres ya existentes para asegurar una mejor distribución de los recursos y permitir una participación de empresas privadas, tanto chinas como extranjeras, en las industrias de Estado. (Advertía también, eso sí, que esta apertura económica no tendría su correspondencia política, pues el Partido Comunista seguirá siendo el árbitro supremo de la vida social). Es improbable que el Partido Comunista chino adopte estas medidas de inequívoco sesgo capitalista por una conversión ideológica y que las emprenda con felicidad. No, se resigna a ellas porque, fiel al pragmatismo tradicional de su cultura, ha comprendido que el colectivismo y el estatismo económico llevan a la ruina a los países y, además de empobrecerlos y atrasarlos, multiplican las injusticias sociales, creando una distancia creciente entre los funcionarios privilegiados de la nomenclatura, y los ciudadanos comunes y corrientes que, además de padecer la inseguridad y el temor, viven haciendo colas, ganando salarios miserables y sin la menor igualdad de oportunidades. Estas verdades elementales, que ya llegaron a la Unión Soviética antes de su desplome, y que empiezan a apuntar, aunque muy tímidamente todavía, en Cuba, parecen fuera del alcance intelectual y del olfato político del presidente Maduro y sus asesores económicos.
No es difícil prever, por eso, lo que depara el futuro inmediato a Venezuela, un país que dada su cuantiosa abundancia de recursos debía tener los más altos niveles de vida de América Latina. En vista de que el desabastecimiento y la carestía —que obedecen a leyes económicas y no a ucases políticos— se agravarán, el siguiente paso del régimen será proceder a la estatización progresiva de las tiendas y comercios que “conspiran” contra la revolución, especulando y hambreando al pueblo. Los pequeños espacios de economía privada se irán cerrando hasta desaparecer y caer en manos de una burocracia inepta y corrompida, de modo que la racionalización de los productos de la canasta familiar, que en buena parte ya existe, se irá extendiendo como una hidra por todos los resquicios de la economía hasta hacer de Venezuela un país tan estatizado como Cuba o Corea del Norte. Corolario inevitable de esta hegemonía estatal: la desaparición de los escasos medios de comunicación independientes que a costa de enormes sacrificios y valentía resisten todavía el acoso gubernamental.
¿Habrá valido la pena todo lo que ha significado en ilusiones, esfuerzos y violencias la revolución chavista? Es verdad que la democracia que ella trajo era ineficiente, derrochadora, demagógica y bastante insensible a los grandes problemas sociales. Y había generado por eso un gran descontento en un pueblo que ingenuamente vio —una vez más en la desgraciada historia de América Latina— en un caudillo carismático y lenguaraz a su salvador. El resultado está a la vista: una Venezuela empobrecida, enconada, devastada por la demagogia y la corrupción, llena de nuevos ricos mal habidos, que, una vez que recupere la libertad y la sensatez, tardará muchos años en recuperar todo lo que perdió con el desplome de su democracia.

jueves, 31 de octubre de 2013

Londres creará un “entorno hostil” para empujar a los ‘sin papeles’ a irse


Una nueva ley obligará a médicos y banqueros a delatar a los indocumentados
Varias personas esperan el autobús en Londres. / LUKE MACGREGOR (REUTERS)

Acosado desde la derecha por el antieuropeo UKIP, agotadas las fórmulas para reducir aún más la llegada de inmigrantes de países terceros y atado de pies y manos por la legislación europea que le dificulta restringir el acceso de trabajadores comunitarios, el Gobiernobritánico ha optado por la vía fácil: acosar como nunca antes a los sin papeles a través de una nueva Ley de Inmigración.
No se trata tanto de reducir el número de inmigrantes como de transmitir la imagen de que está combatiendo la inmigración. Por eso, la responsable de Interior, Theresa May, antigua paloma reconvertida en el halcón más feroz de Westminster, proclama que el objetivo de la ley es “crear un entorno realmente hostil para los inmigrantes ilegales”. “No queremos que la gente que viene aquí se quede más tiempo del que debe porque sean capaces de acceder a lo que necesitan”, sostiene.
Toda una declaración de guerra a los sin papeles. Y, para ganarla, ha decidido crear un ejército de delatores a la fuerza, formado por médicos, caseros, banqueros y hasta sacerdotes, a los que la nueva ley convierte en colaboradores necesarios de esa política de hostilidad hacia los indocumentados, a los que se quiere dificultar todavía más su acceso a la vivienda, a la atención médica, a una cuenta corriente, a un matrimonio con el que legalizar su situación.
Todo muy bonito para algunos, pero ¿eficaz? La realidad es que es muy poco habitual que un sin papeles decida marcharse por difícil que sea su vida en Reino Unido, porque peor es la que dejó atrás. Las organizaciones humanitarias creen que, con esa ley, los sin papeles tendrán que pagar más por una habitación insalubre; tardarán más en recibir atención médica y sus enfermedades serán más graves y costosas de remediar; tendrán que pagar un sobrecosto por las dificultades cotidianas de no tener una cuenta bancaria; se verán obligados a aceptar cualquier trabajo por menos dinero. Pero no se irán.
La propuesta, que la semana pasada superó la segunda lectura en los Comunes y va a entrar en la fase de enmiendas, tiene el apoyo genérico de los laboristas, aunque quieren proponer modificaciones concretas a lo largo de la tramitación parlamentaria.
El objetivo del Gobierno es doble: hacer la vida más difícil a los sin papeles para forzar su marcha y, al mismo tiempo, facilitar la deportación de aquellos que hayan sido detenidos. Para eso, May propone reducir de 17 a tan solo cuatro los supuestos de apelación contra una orden de deportación. Y, sobre todo, introducir una política de “deportar primero, apelar después” siempre y cuando la persona afectada “no corra el riesgo de recibir un daño irreversible” por el hecho de ser devuelto a su país de origen.
Para crear el “entorno realmente hostil”, los caseros han de asegurarse de que sus inquilinos residen legalmente; los bancos han de consultar una base de datos para confirmar que un nuevo cliente no es un inmigrante perseguido; la oficina responsable de los carnés de conducir recibirá nuevos poderes para consultar el estatus de quienes piden un permiso y para revocarlo a quienes estén en el país más tiempo del permitido; la Iglesia deberá informar a Interior cuando ciudadanos de fuera de la UE quieran casarse y es el ministerio quien decidirá si pueden contraer matrimonio. El Ministerio de Sanidad quiere que los inmigrantes con permisos para estancias cortas, como los estudiantes, paguen una contribución inicial, quizás en torno a 200 libras (235 euros) para acceder a la sanidad pública.
Mucha gente cree que el Ministerio del Interior está así pasando a otros el trabajo que no es capaz de hacer por sí mismo. Pero a los afectados les preocupan también otras cosas. Ian Fletcher, director de Estrategias de la Federación Británica de Propietarios de Viviendas, subraya que “solo la UE reconoce 404 maneras legítimas de identificación personal, y eso no incluye al resto del mundo”. “¿Cómo puede un casero saber que alguien de la República de Chipre puede entrar libremente en Reino Unido pero alguien del norte de Chipre necesita un visado? ¿Van a saber que un búlgaro tiene derecho a residir en Reino Unido pero alguien de Estados Unidos, no? ¿O cómo pueden saber las normas que determinan si el cónyuge tiene derecho a quedarse o no?”, se pregunta.
“Pero, aunque esas propuestas funcionaran, hay otras cuestiones. Supongamos que un casero tiene frente a sí a un inmigrante ilegal, ¿qué tiene que hacer? ¿Enfrentarse a él o irse a hurtadillas y avisar a las autoridades? Algunas caseras son viudas jubiladas. ¿Ante qué peligros las estamos poniendo? ¿Va todo esto a incrementar la discriminación? ¿Acaso no va esta ley a empujar a mucha más gente a esconderse bajo tierra y caer en manos de criminales dispuestos a alojarles en condiciones sórdidas?”, advierte Fletcher.
Muchos médicos se oponen a tener que averiguar si un inmigrante ha de pagar o no antes de acceder a la atención primaria. Para Médicos del Mundo UK “no hay justificaciones éticas ni económicas en el proyecto de cargar a quienes tienen necesidad de atención médica y no pueden pagar 200 libras u otro coste”. “Eso incluye a grupos de gente vulnerable como los inmigrantes indocumentados (que no tienen acceso a ayudas públicas), a víctimas del tráfico de personas (en general, mujeres y niños), gente a la que le ha caducado el visado o esclavos domésticos”, denuncian.
Y advierten también que “no sería legal exigir solo a unos residentes que presenten pruebas de que tienen derecho a ser atendidos” y que, a la larga, negar la atención primaria a esas personas es también antieconómico porque pueden contagiar posibles infecciones que no pueden ser tratadas hasta que alcanzan la gravedad suficiente como para ser atendidos en urgencias.
A juicio de Maurice Wren, director del Consejo de Refugiados, esas propuestas van a agravar la situación de demandantes de asilo y refugiados que tienen derecho a la atención primaria pero muchas veces se les niega porque no tienen la documentación que les exigen algunos centros médicos para demostrar su identidad o su residencia.
Interrogantes similares plantean las propuestas para controlar y aprobar los matrimonios. El Home Office extiende ahora a todo tipo de bodas un control que antes exigía a las parejas de hecho y que fue declarado ilegal precisamente porque era discriminatorio al afectar solo a una parte de la población. La Iglesia de Inglaterra comprende que el Gobierno introduzca controles para acabar con el problema de los matrimonios falsos “pero le hemos dejado claro al Home Office que aunque los clérigos pueden verificar la nacionalidad de la gente pidiendo su pasaporte, como ya se hace desde 2011, lo que no pueden es chequear su estatus como inmigrantes”.

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                                   Los gobernantes ingleses tan “comedidos” y “demócratas” hacen de la delación una obligación ciudadana, al más puro estilo nazi…